Los hórreos de Asturias: guardianes del tiempo rural
Si hay una imagen que define el paisaje asturiano, junto con las montañas, los prados y las aldeas entre la niebla, es la del hórreo. Estas pequeñas construcciones de madera y piedra han acompañado la vida rural durante siglos, y hoy son un símbolo de la identidad cultural de Asturias. Basta pasear por cualquier camino del oriente o el occidente asturiano —y, por supuesto, por los alrededores de Ribadesella— para encontrarse con su figura inconfundible, elevada sobre cuatro pilares, vigilando silenciosa el paso del tiempo.
El origen del hórreo se remonta a la Edad Media, aunque algunas teorías apuntan que su base tecnológica podría ser incluso anterior, vinculada a viejas tradiciones agrícolas del norte de Europa. Su propósito era muy práctico: almacenar el grano, las cosechas o los embutidos al resguardo de la humedad y los animales. Por eso, su diseño no es casual. La cámara superior, donde se guarda el alimento, se levanta sobre columnas de piedra llamadas pegollos. En la parte superior de estos se colocan discos de piedra —los tornarratos o “muelaos”— que impiden que los roedores trepen hasta la parte principal del hórreo.
Cada hórreo cuenta también una historia personal. Muchos llevan grabadas en la madera iniciales, fechas o símbolos tallados que aluden al año de construcción o a las familias que los levantaron. En algunas aldeas, las decoraciones adquieren formas geométricas o florales, y en otras se representan símbolos protectores o religiosos. En el oriente asturiano, donde el paisaje es más montañoso y los materiales abundan, los hórreos suelen ser de madera de castaño o roble, resistentes al paso del tiempo y al clima húmedo.
Hórreos en Ribadesella.
En Ribadesella y sus parroquias, los hórreos son parte esencial del entorno rural. Pueden encontrarse junto a caserías tradicionales, a la entrada de los pueblos o incluso restaurados y convertidos en pequeños museos o espacios etnográficos. Pueblos como Collera, Linares, Junco o Sardalla conservan ejemplos magníficos, algunos con más de doscientos años de historia. Algunos visitantes se sorprenden al descubrir que todavía hay familias que los usan, manteniendo así una tradición que se ha transmitido de generación en generación.
Más allá de su función práctica, los hórreos representan una filosofía de vida: respeto por la naturaleza, economía de recursos, trabajo en comunidad y continuidad con el pasado. Son una muestra del ingenio popular que se adaptaba al entorno sin dañarlo, construyendo con materiales locales y aprovechando el conocimiento heredado de los antepasados. Observar un hórreo es asomarse a esa relación armoniosa entre las personas y la tierra.
Asociación de turismo rural de Ribadesella.
Por eso, desde nuestra asociación de turismo rural en Ribadesella te invitamos a mirar con detenimiento estos guardianes del tiempo. Cada hórreo es un pequeño monumento a la sabiduría campesina y a la historia viva de Asturias. La próxima vez que pasees por un camino entre prados y escuches el murmullo del río o el sonido de las vacas en la distancia, levanta la vista: tal vez un hórreo esté ahí, recordándote que el corazón de la vida rural aún late fuerte entre las montañas del norte.
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