Los acantilados de Ribadesella: donde el Cantábrico se vuelve espectáculo.
Los acantilados de Ribadesella son uno de esos lugares que se quedan grabados en la memoria. Aquí, la costa asturiana se muestra en su versión más salvaje y hermosa: paredes de roca que caen a plomo sobre el mar Cantábrico, praderas verdes que llegan hasta el borde del abismo y un sonido constante de olas rompiendo abajo, como una banda sonora natural.
Pasear por los senderos que recorren la costa es una experiencia imprescindible. Desde lo alto, las vistas son espectaculares, especialmente en días claros, cuando el azul intenso del mar contrasta con los tonos verdes del paisaje. Al atardecer, la luz dorada transforma los acantilados en un escenario casi mágico, perfecto para los amantes de la fotografía y de los momentos tranquilos.
La belleza de los paisajes costeros del Paraíso Natural.
Además de su belleza, esta zona es ideal para disfrutar del turismo activo y de la naturaleza. Hay rutas sencillas para caminar, miradores naturales donde detenerse sin prisas y pequeñas playas escondidas que aparecen entre las rocas, accesibles solo para los más curiosos.
Visitar los acantilados de Ribadesella es conectar con la esencia del norte: aire puro, paisajes auténticos y una sensación de libertad difícil de encontrar en otros destinos. Un rincón perfecto para quienes buscan desconectar, disfrutar del mar y dejarse sorprender por la fuerza de la naturaleza asturiana.
Tramos de los acantilados de Ribadesella.
Desde la villa de Ribadesella al área recreativa de Cuerres en Castru Arenes (de oeste a este). El acantilado se divide en cuatro tramos con cuatros distintas denominaciones.
El Infierno, Palu Verde, Tomasón y Castru Arenes ya en el límite con el concejo Llanes.
Propuesta de ruta senderista por los acantilados de Ribadesella.














